sábado, 8 de septiembre de 2007

Uruguay literario: mis cuentos, "El hombre y el perro"


El hombre y el perro


Era un personaje familiar en la vecindad. Recorría las calles seguido de su perro. Mientras caminaba, iba repitiendo:”el hombre y el perro, el perro y el hombre…”. La letanía se perdía en la distancia.
Nunca se le oía saludar ni decir nada más. Cierto día, lo encontré acurrucado en el rincón de una acera, comía de un trozo de pan duro. Me acerqué y le hablé.
-Soy loco, me dijo sin tener en cuenta el sentido de mis palabras.
-Soy malo, agregó.
-Soy perverso y maltraté a mucha gente, ahora estoy solo con mi perro.
No sé cómo logré ingresarlo en un diálogo. Ahora me prestaba atención, abandonaba su monólogo.
Me contó trechos incoherentes de recuerdos. Relató crueldades con su familia, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, su estadía en la cárcel.
Le hablé de médicos, si alguno había hablado con él. Se limitó a sacudir la cabeza de un lado al otro varias veces.
Su mirada imploraba algo así como piedad, amor, comprensión, no sé qué pero, algo reclamaba.
Supe que vivía en la calle, hacía tanto tiempo que ni él lo recordaba.
Se había aislado, no sabía de su familia ni de sus conocidos y amigos.
Pude rescatarle más recuerdos y ciertas reflexiones: La incontinencia de su crueldad, algo lo impelía a maltratar a los demás.
Nunca recibió visitas en la cárcel. Cuando quedó en libertad y regresó, solamente el perro de la casa lo recibió con alegría. Decidió irse y el perro lo siguió.
El primer perro que lo acompañó se murió. Consiguió otro y otro. Según él, todos los perros son iguales.
-Este perro son todos los perros, me dijo. Ante mi silencio continuó hablando.
-Todos son el mismo, entienden mi tristeza y mi alegría, no me juzgan, aceptan mis caricias, me acompañan.
Las palabras del hombre me impresionaron: todos realizamos actos o decimos palabras que hieren a otros, todos hacemos sufrir a alguien en algún momento. ¿Cómo se mide la diferencia del nivel de crueldad? ¿Por qué abandonamos a los violentos sin saber la causa de sus actitudes?
El perro fue el único que no calculó diferencias.
El hombre se puso de pie y continuó caminando con su letanía: “El hombre y el perro, el perro y el hombre, el hombre y el perro…”
Aurora Martino

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